¿En caída libre la educación superior en Colombia?

Cada vez son menos los jóvenes que tocan las puertas de una universidad con la ilusión de iniciar su formación profesional. Además de factores de orden demográfico y económico que afectan directamente las posibilidades de acceder a educación superior, esto se debe al profundo desinterés de muchos jóvenes que hoy por hoy han dejado de creer en la formación profesional como la respuesta a los problemas de desempleo, bienestar futuro y calidad de vida.

 

Hay que decirlo con un poco de vergüenza, dados los resultados de las últimas pruebas PISA que prueban que Colombia ocupó el último lugar dentro de los países que conforman la privilegiada lista de la OCDE.

 

Y para no irnos más lejos, mencionemos los resultados de las Pruebas Saber que presentaron los estudiantes graduados en el 2020, que se mantuvieron estables en comparación con los de los últimos 3 años, periodo en el que no hay mucho por destacar.

 

Así mismo, las universidades han dejado de matricular estudiantes por varios factores; como mencionábamos líneas arriba, la difícil situación económica de las familias en la actualidad, el cambio demográfico y hasta la desidia de los jóvenes, que ya no ven a las instituciones de educación superior como la promesa que les abrirá las puertas del mundo laboral; por no hablar de la crisis laboral, económica y en algunos casos emocional, en que nos ha sumergido la pandemia del Covid 19, con la que llevamos más de un año conviviendo. En este sentido, cabe mencionar que muchos jóvenes han preferido aplazar o suspender sus estudios universitarios, dada la contingencia en que nos hemos visto obligados a pasar de las aulas a los computadores en casa, donde difícilmente se cuenta con el espacio, ambiente y herramientas adecuadas para desarrollar las actividades escolares, por no mencionar lo mal preparadas que estaban las universidades para afrontar esta transformación. Estos son en cuentas resumidas, los factores que más mencionan los jóvenes a la hora de desistir de matricularse en una universidad.

 

 

Cómo nos fue en las PISA

Lamentablemente mal desde muchos puntos de vista: la comprensión lectora, las matemáticas y las ciencias siguen arrojando vergonzosos puntajes. Esta es la quinta participación de Colombia en las pruebas PISA, que se llevan a cabo cada tres años y los resultados en vez de mejorar, parecen ir en descenso.

 

En matemáticas tuvimos una leve mejoría de 391 puntos frente a los 390 registrados en 2015; reiteramos, muy leve. En el caso de las ciencias, obtuvimos 413 puntos, lejos del promedio de la OCDE que está en 489.

 

Para la comprensión lectora hay otro tanto de sin sabor, pues pasamos de obtener 425 puntos en 2015 a 412 en 2018.

 

Así las cosas, es evidente que seguimos lejos del nivel competitivo de otros jóvenes de países como Japón, Corea, Alemania y Suecia, solo por mencionar algunos.

 

 

¿Y el último ICFES presentado?

 

El 2020 representó un verdadero reto en materia de educación, tanto para estudiantes, como para docentes, instituciones educativas y padres de familia. Muy pocos estaban preparados para una transición total de los salones de clase a la virtualidad.

 

Teniendo en cuenta este factor, podría verse como algo positivo el que los resultados de las Pruebas Saber se hayan mantenido estables con el de los últimos 3 años; sin embargo hay que mencionarlos, pues son bastante desalentadores: en promedio, los estudiantes de Calendario A, a nivel nacional, obtuvieron un puntaje de 248 y los de Calendario B, de 309 sobre 5000 puntos; es decir los del primer grupo no llegan ni a la mitad del puntaje, y los del segundo, apenas la sobrepasan por unas cuantas décimas.

 

 

 

Cada vez somos menos

 

Según cifras del DANE la población en edad de ingresar a la universidad ha caído ostensiblemente, la medición se comparó con la edad promedio en que un colombiano ingresaba a la universidad en el año 1973; el porcentaje era de 11,8%. Para los resultados de la medición hecha en 2018, se establece que, solo el 8.7% de la población, se encuentra en este rango de edad.

 

 

¿Esto qué indica?

 

Puede que sea significativo para demostrar por qué ya los jóvenes no se matriculan en las universidades, como puede que se nos quede en un simple y suelto dato para contar.

 

Las deducciones indican que hoy por hoy, las familias ya no quieren tener hijos, o al menos, las familias numerosas de hasta tres y cuatro hijos, no están en las mentes de los destinados a ser padres.

 

Las nuevas familias quieren tener un solo hijo, máximo dos e incluso no tenerlos es una posibilidad también, lo que se ha convertido en una tendencia mundial.

 

Esta podría ser una respuesta a la caída de las matriculas en las universidades, pero, ¿responde del todo a la problemática?, tal vez no. Sigamos.

 

 

El gusto por lo virtual

 

Como quien descubre la rueda, los jóvenes están migrando con beneplácito hacia las carreras virtuales, hacia cursos que los capacitan rápidamente para manejar un programa u otro tipo de habilidad que difícilmente pueden aprender en una universidad.

 

Una matrícula en una universidad de Colombia puede estar por encima de los tres millones de pesos, y estamos hablando de una universidad promedio, no de las grandes y prestigiosas instituciones de renombre en la que perfectamente se pueden pagar hasta diez millones de pesos por semestre o más.

 

Un curso de marketing digital, solo por poner un ejemplo, en cualquiera de las escuelas de formación virtual que ofrece el mercado, puede estar por el orden de los 200 dólares, una cifra considerablemente menor; además, aprendes a tu ritmo, puedes repetirte las clases volviendo a los módulos una y otra vez y hasta certificado te entregan.

 

Así las cosas, los futuros estudiantes se están inclinando por estas opciones, pues cancelan un valor por única vez y pueden tener acceso vitalicio a estas plataformas para seguir reforzando sus conocimientos y en caso de querer probar con otro curso, por ser miembros activos de las plataformas, obtienen descuentos especiales.

 

Como lo mencionábamos antes, la llegada de una pandemia, trajo consigo la rápida e improvisada implementación de herramientas tecnológicas que le permitieran a los estudiantes tomar sus clases 100% virtuales, sin embargo, este tránsito abrupto generó el efecto contrario: el 13.7% de los estudiantes abandonaron las actividades educativas en las principales ciudades del país, durante el 2020. De ahí la importancia de realizar este cambio con la adecuada preparación, capacitación y uso de herramientas de calidad.

 

 

¿Qué está demandando la gente joven?

 

Es evidente que las universidades se han dado cuenta tardíamente del fenómeno que viene creciendo en materia de educación, es decir, de un modelo distinto al que ellos ofrecen.

 

Los jóvenes ya no quieren invertir grandes cantidades de dinero y tiempo en una carrera universitaria, pues nadie les garantiza que luego podrán ubicarse laboralmente, y cuando lo hacen difícilmente reciben una remuneración equivalente al dinero que han invertido. Según el DANE, el desempleo juvenil paso del 16% en el último trimestre de 2019 a 21,6% en el mismo periodo de 2020.

 

Los nuevos estudiantes aspiran a la practicidad, probablemente, no ven con buenos ojos que todo lo aprendido en una universidad a lo largo de cinco años esté obsoleto y en muchas ocasiones ha sido esa su gran frustración, por eso les apuntan a cursos cortos que les permitan mantenerse actualizados y con los conocimientos frescos.

 

Tal vez habría un retorno de los jóvenes a las universidades si estas deciden implementar estas nuevas formas de aprendizaje y brindar modelos educativos modernos, agiles, prácticos y con los cuales los jóvenes pudieran terminar su formación en menos tiempo, pero, sobre todo, que los jóvenes sientan que pagar por educación no debe costar un ojo de la cara, bajo el nuevo entendido de que, la educación debería ser gratuita.

 

 

En palabras de un experto

 

El fenómeno de la deserción y de las bajas en las matrículas no es un fenómeno reciente, de hecho, para el periodo 2017-2018 ya se venían presentando serios cuestionamientos por parte de algunos rectores de grandes universidades ya que los jóvenes no acudían al proceso de matrícula en sus universidades.

 

Es el caso de Alberto Prada Sanmiguel, hoy en día ex rector de la Universidad de La Salle, quien en entrevista concedida al diario El Espectador en noviembre de 2018 dijo ante el fenómeno: “Es un momento difícil para las universidades: la crisis no es solo en las públicas sino en las privadas que no pueden mantenerse a flote frente a un mercado imprevisto.

 

También le preguntaron a qué se debía esta crisis y añadió: Hay varios factores, uno es el auge y proliferación de universidades extranjeras que vienen a ofrecer cualquier cosa a muy bajo costo. Los muchachos estudian donde pueden, no se dan cuenta de que esa carrera que están haciendo en tal sitio no les da ningún tipo de bienestar ni de acompañamiento en su proceso de formación profesional. Muchas veces la gente no ve la calidad de la educación, solo ve el precio de la matrícula.

 

Otra causa es la crisis económica generalizada que vive Colombia y que hace que los hogares pobres y de clase media no tengan suficiente dinero para la educación de sus hijos”.

 

Esta visión de que las universidades extranjeras vienen a ofrecer cualquier cosa a muy bajo costo no es del todo cierta, si así fuera, los jóvenes no estarían migrando hacia allá solo por ponerse a hacer “cualquier cosa”, tal vez estas universidades y las plataformas expertas en carreras que tienen que ver con las nuevas tecnologías, le están apostando a programas prácticos, rápidos pero que ofrezcan verdaderos resultados a sus alumnos.

 

Al parecer a Colombia todo llega tarde, incluidos los nuevos modelos de educación.

 

 

Ofertas más flexibles

 

Una de las posibles soluciones para que este fenómeno de la vuelta, está en la mejora de la oferta educativa. En realidad, los jóvenes colombianos quieren estudiar, son conscientes de la importancia de la educación, pero no quieren estar endeudados toda su vida y pagando por carreras que dentro de poco quedarán obsoletas.

 

Los jóvenes exigen una dinámica distinta de la educación hoy, no solo para que los elevados precios de las matrículas desaparezcan sino para sentir que, si están haciendo una inversión tan grande, esta al menos les garantice que estará a la vanguardia de lo que se necesita para ser un profesional completo, versátil y con las herramientas adecuadas para salir a un mundo laboral cada vez más competitivo.

 

Las universidades no pueden quedarse solamente en la estrategia de marketing en los medios de comunicación para atraer aspirantes y venderse como la mejor opción, una buena solución sería meterle el diente a los planes de estudio para que respondan eficazmente a lo que demanda el mercado hoy y hacer modificaciones de fondo.

 

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