Emprendimiento: La idea o el método, esa es la cuestión

Pues bien, que por estos días estamos rompiendo paradigmas y mandando la bola a la estratosfera de la incertidumbre.

 

¿Es eso cierto? ¡Emprendedores! ¡Escuchen! Porque por primera vez podríamos estar equivocados frente a la percepción de dinero.

 

¿Tienes una idea de negocio?, si no la tienes, no importa, puedes seguir adelante sin angustiarte.

 

¿Y cómo estás de pitch?, memorizado como las tablas de multiplicar, bueno, tal vez tampoco lo necesites.

 

¿Cómo puede ser eso posible?, aquí te lo contamos…

Cómo puede fracasar una idea

 

Pues estamos convencidos de que la idea es la que nos va a llenar de dinero y no, ¿por qué lo decimos?, simple, si fuera tan cierto el 75% de las nuevas startups no fracasarían en sus primeros años.

 

¿Y por qué fracasan?, según CB Insight, plataforma que mide inteligentemente los mercados tecnológicos, existen 10 razones por las que una startup fracasa antes de que el gallo cante.

 

Estas son:

  1. Productos o servicios que el mercado no necesitaba, 42%
  2. Falta de liquidez, 29%
  3. Equipo inadecuado, 23%
  4. Competidores más exitosos, 19%
  5. Problemas con los precios o con los costes, 18%
  6. Mala experiencia de uso del consumidor,17%
  7. Falta de un modelo de negocio claro, 17%
  8. Marketing ineficiente, 14%
  9. No atender los mensajes del consumidor, 14%
  10. Mal timing del producto o servicio, 13%

 

Dicho esto, podemos afirmar que la “idea” clasifica en el puesto 1, pues eran productos o servicios que el mercado no necesitaba, entonces, después de todo, no era tan brillante y prometedora.

Creando un prototipo

 

Para que la idea no salga del todo mal antes de tiempo, expertos se han comprometido con la creación de prototipos que permitan llevarla a cabo con éxito.

 

Así, habrá posibilidades de medir si la gente en realidad comprará lo que vendes, qué precio pagarían por tu producto o servicio y si estás en condiciones de suplir la demanda.

 

Y cuando todo esto no es suficiente, ¿qué?

Llegamos a la metodología

 

La idea no lo es todo y ya se ha empezado a notar, algo poco favorable para las startups pero que en el corto plazo puede ser beneficioso, al fin y al cabo, ¿no es mejor hacer esfuerzos valiosos antes de arrancar a tener que cerrar a la vuelta de dos años?

 

Esto lo están logrando gracias al concepto metodología que, al parecer, está funcionando.

 

Significa que de golpe se está echando por tierra la concepción de que la idea lo es todo cuando en realidad es un componente mínimo de eso que llamamos “innovación”.

¿Y cuales son los pasos del método?

 

Este consta de tres momentos fundamentales a saber:

  1. Se debe identificar y dar una concretísima definición de un problema
  2. Desarrollar un producto mínimo viable e ir a probar con usuarios reales a ver cómo funciona.
  3. Plata, plata, plata, claro, se trata de monetizar, entonces, necesitamos saber si el potencial cliente estaría dispuesto a pagar por ese producto o servicio.

 

Parece fácil, ¿verdad?, ¿en realidad lo es?

 

Veamos…

Adaptarse a las necesidades del usuario

 

Al parecer, es este el objetivo principal de la metodología, que echaría por tierra el concepto de “idea” como eje central de la innovación y el emprendimiento.

 

Adaptarse a las necesidades de los usuarios y procurando hacerlo antes que tu competencia es en realidad el fin para el cual la metodología espera dar resultados.

 

Es decir, que la metodología propone atacar la idea de negocio para que esta pueda tener un desarrollo más eficaz, tampoco es que se va a desechar del todo, insistimos en que es un componente fundamental (la idea) pero no es lo único con lo que trabajar.

Enamorándote del problema

 

Enamorarse más de la solución que del problema es una grave falencia de los emprendedores, claro, es más fácil seguir vislumbrando que todo está bien y que hallaste las minas del Rey Salomón.

 

Están tan embebidos con su idea de negocio que resulta casi imposible permitirse cambiar el chip cuando en realidad es lo que más se requiere.

 

El resultado final (la solución) es con seguridad lo que va a estar expuesto a sufrir mayores modificaciones luego de aplicar alguna metodología.

 

Así que trata de no enamorarte tanto del resultado final sin haberlo testeado pues podrías llevar a tu idea a emprender el camino del rotundo fracaso antes de permitirle siquiera florecer.

Cliente vs. Producto

 

Y qué mejor manera para poner de presente el problema correcto que un análisis. Siempre hemos pensado que el cliente tiene la razón y tal vez así sea, pero, por otro lado, hemos ido en busca del producto o servicio perfecto y al final no sabemos si estamos más empecinados con el mismo producto que con las necesidades que en realidad vamos a suplirle a ese cliente que lo requiere.

 

¿Ya te has hecho la pregunta de qué es más importante para ti, querido emprendedor?

 

Si lo tienes un poco resuelto, acudir a una metodología puede ahorrarte camino.

 

La publicación Negocios y Emprendimiento habla de este fenómeno así: “Las metodologías de emprendimiento ligero se enfocan en el desarrollo de clientes y se fundamentan en la filosofía de fracasar rápido, fracasar pronto, pero, sobre todo, fracasar barato. El producto deja de ser el centro de todo y se convierte en solo un elemento más del modelo de negocio”.

 

¡Tema aclarado!, o ¿aun tienes dudas? Sigamos…

Un plan de negocio no es un negocio

 

Y no lo es porque simplemente hay demasiado enfoque en la planificación, pero cero disposición en la implementación.

 

Implementar es hacer las cosas y aunque el plan de negocio pinte bien de principio a fin, si se queda en el papel pues no habrá ejecución y si no hay ejecución, no habrá resultados.

 

Lo mismo pasa con la idea de negocio, si no hay una estructura que la soporte y unos puntos clave que la identifiquen y la pongan a trabajar con base en una metodología, mejor piensa en otra cosa.

Metodología para minimizar el riesgo

 

Habíamos dicho que uno de los objetivos de la metodología era adaptarse a las necesidades del cliente o mejor, adaptar la idea de negocio a esas necesidades y sí, pero también, a través de ella, se minimiza el riesgo de pérdida con la idea emprendedora.

Herramientas de análisis y metodología

 

Si entonces la metodología es la clave, debe existir una o algunas que permitan medir, confiar, trazar y lograr lo que las startups están buscando con tanta avidez.

 

Así, hemos encontrado una denominada Lean Startup que básicamente nos indica hacer esto:

 

Ten una idea: claro, sin idea pues ni sueñes con llevar a cabo un emprendimiento peeeero, no enloquezcas creyendo que esta será la piedra angular de tu negocio.

 

Crea un prototipo: un producto viable, pero sin mayores costes para que puedas ir sondeando el terreno (para ponértelo en términos más coloquiales).

 

Mide resultados: sí, tienes que medir los resultados de las ventas producto de ese sondeo previo.

 

Implementa analítica web y datos de conversión: sin palabras, el título ya lo dijo todo.

 

Optimizar el producto-pivotar si es necesario: cuando hablamos de optimizar el producto le damos espacio a aprender, a implementar ciclos cortos y repetitivos que nos ayuden a insistir si lo que estamos haciendo obtiene el resultado esperado, de lo contrario, pivotar; y pivotar es simplemente cambiar la estrategia, atacar el mismo mercado, pero de otra forma.

 

Ahora veamos la metodología Desing Thinking:

  • Aquí todo gira alrededor de las necesidades del usuario y pilas con la “idea” que si no caza con esto ni te desgastes.
  • Empresas como Google, Zara y Apple la usan.
  • Mucha empatía hacia los deseos, necesidades y problemas de los usuarios (una vez más, trata de que tu “idea” haga match con esto)
  • Hay una carga gigantesca de contenido visual mientras se están elaborando los prototipos (color, materiales, post it, más color, fotos, crayones, lápices, es como estar en el kínder, suena divertido), pero esta tiene una razón y una conexión con la lógica, la analítica, pero también la plasticidad y el proceso creativo del cerebro.

 

Medium.com, publicación experta en estrategias de marketing, en su entrada “Métodos para desarrollar Startups o negocios innovadores”, define Design Thinking así: “Esta metodología se usa para desarrollar ideas creativas que conllevan potenciales soluciones innovadoras o también para rediseñar negocios existentes centradas en rediseñar la experiencia de la persona”.

 

Su aplicación está dividida en 5 pasos, el primero de ellos, aunque suene extraño, no es la idea, es la empatía. La empatía permite observar, conversar e investigar para que de ahí surjan los problemas que se pretende resolver.

 

Segundo: definir, definir es como lo dijimos líneas arriba, que problemas se resolverán y qué retos se asumirán en el proceso de Design Thinking.

 

Tercero: Ahora si vienen las ideas, a borbotones, a raudales, di lo que quieras, lo más loco incluso que puedas imaginarte, aquí hay cabida para todo.

 

Cuarto: Prototipar, aquí se necesita de un producto mínimo viable, de la experimentación, con base en lo que surja, vendrá el quinto paso.

 

Quinto: Testear qué está pasando con ese producto o servicio en manos de los potenciales clientes, ahí estarán los resultados que permitirán evaluar.

Agile

 

Esta más que una metodología es una especie de marco de trabajo que se aplicaba en las compañías emergentes en el rubro de software, hoy se puede aplicar tanto al marketing como a las ventas con excelentes resultados.

 

Hay dos componentes fundamentales de esta metodología y es la autonomía para trabajar, es decir que debes entregar resultados sin que tengas un policía al lado, seas equipo o estés trabajando solo, es decir, necesitas un amplio sentido de la responsabilidad para hacer que funcione.

 

Y una actitud positiva frente a los cambios, quiere decir que, si eres una persona a la que no le gusta que las cosas, las personas y las situaciones se muevan, vas a tener muchos problemas para adaptarte a la metodología Agile.

 

¿Por qué lo de la actitud positiva?, Agile tiene como premisa la constante interacción con el cliente en todo el proceso, de principio a fin y si por el camino el cliente pide cambios pues se tendrán que hacer, entonces es fundamental la buena actitud para no dejarte agobiar por las modificaciones.

Kaizen

 

Tal vez muchos no lo sepan, pero Kaizen significa mejora continua y a eso le apunta esta metodología.

 

Se preocupan por eliminar despilfarros y los problemas deben solucionarse inmediatamente en vez de evitarlos.

 

El ciclo de trabajo es el siguiente:

  • Se establece una hipótesis.
  • Se diseña una manera de ejecutarla.
  • Se establecen unas metas claras y aterrizadas, consecuentes con los recursos con que se cuenta para emprender acciones.
  • Se revisa y si hay lugar, se optimiza.
  • Se implementan las mejoras.
  • Se revisa nuevamente para aplicar correcciones si las hay.
  • Informe minucioso de resultados obtenidos.
  • Seguimiento, volver a ajustar si es pertinente y arranca un nuevo ciclo.

 

Quedan tras la explicación de estas cuatro, otras metodologías que bien nos darían argumentos para una nueva entrada de blog y ahondar en cada una de ellas.

 

Por lo pronto y a manera de conclusión podemos decir que, tan importante es la idea como vital es la metodología.

 

Romper paradigmas no es fácil, más cuando se nos ha dicho que la idea lo es todo y elaborar un pitch descrestante es la panacea para atraer inversores.

 

Compañías que precisamente aplicaron con absoluta convicción que la idea y el pitch lo eran todo o al menos la columna vertebral de un emprendimiento, están hoy pidiendo auxilio y abocados a una estrepitosa caída y posterior quiebra.

 

We Work es un ejemplo claro y la referencia más directa de lo que no queremos que pase con nuestro emprendimiento, una startup cuya valoración privada estaba por el orden de los 50.000 millones de pesos, no pudo siquiera capitalizar su salida a bolsa y hoy busca desesperadamente inyección de capital.

 

Uber es otro caso que probablemente no cumpla las expectativas de la próxima década, su esquema de captación de inversión no termina de gustar, el sinfín de problemas legales con taxistas, la competencia que ha salido de todas partes y la llegada de nuevas tecnologías al mercado automotriz la hacen tambalear.

 

Entonces volvemos a hacer la pregunta, ¿hubo metodología?, ¿se les fueron las luces a esas compañías y se embebieron con la idea?, ¿eran conscientes o pudieron prever (metodología) cuando se enamoraron de la idea que algo así pasaría?

 

No lo sabemos, pero si auguramos a las startups del futuro que vale más obsesionarse con el problema para, con base en él, plantear metodologías que nos van a ayudar a cubrir todos los frentes posibles y evitar la quiebra.

Pin It on Pinterest