¿Cuáles son los retos de Colombia en materia de educación virtual?

Educación virtual

En coyunturas como esta, en la que un aislamiento a todas luces obligatorio por COVID-19 nos puso a buscar alternativas para seguir siendo productivos, las universidades descubrieron una especie de “bache” en el camino, uno bien grande.

 

Y es que en realidad no es que hubiesen estado lo suficientemente preparadas como para dar abasto a la educación virtual.

 

Estudiantes y docentes se tuvieron que ir a la casa casi a las malas y de un momento a otro, se vio la necesidad de cambiar el pénsum para poder cumplir con el calendario y que se justificara el pago de la matrícula.

 

De acuerdo a un reporte de la Red Ilumno, antes del Covid-19, solo el 10% de los estudiantes de educación superior tomaban sus clases de forma virtual, pero según cifras entregadas por el Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones, en el último año esta cifra aumentó al 70%.

 

De las crisis emergen los cambios, la cuestión es cuando el sistema educativo colombiano sigue dormido en los laureles viendo cómo el mundo avanza en nuevas tecnologías para ofrecer alternativas de aprendizaje y ¿el país?, bien gracias, sentado sobre la misma piedra.

 

El desafío de estudiar en casa

 

Es lógico, esta situación no la avizoraba nadie, los alumnos y maestros se tuvieron que ir a casa de un momento a otro pues las clases fueron canceladas.

 

Y vino la pregunta, ¿y ahora qué?, en realidad, nadie estaba preparado para eso.

 

Salieron a flote una cantidad de problemas que nadie veía en el día a día, la falta de recursos (plata), de tecnología, de infraestructura y de paciencia, porque este aislamiento colmó la paciencia de muchos padres, hay que decirlo.

 

Si hablamos del factor recursos, por ejemplo, el ambiente ideal para que un niño pueda estudiar desde casa y cumplir con sus asignaciones está más lejos de lo que sus mismos padres quisieran.

 

Según un informe de Luz Karime Abadía, Codirectora del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE), de la Universidad Javeriana: “Alrededor de la mitad de los estudiantes de los colegios públicos estarían en esa situación, solo el 37% reportó tener ambas herramientas (computador e internet), esto muestra, claramente, que en el país nos falta la dotación tecnológica para asumir una situación así”.

 

Desde el escenario del que tiene computador e internet como cualquier otro producto que suple sus necesidades básicas, es difícil visualizar que existan poblaciones remotas que, si cuentan con una cosa, no cuentan con la otra, si tienen un computador en casa, no cuentan con el servicio de internet pues no hay como pagar tal cosa y si alguien les permitiera conectarse a una red medianamente cercana, no se cuenta con los dispositivos (computador, tableta, celular) para hacerlo. El LEE realizó un también un estudio que deja en evidencia que el 96% de los municipios del país, no cuenta con los recursos ni la cobertura para desarrollar sus actividades escolares de forma virtual. Sí, ¡el 96%!

 

Es decir, que la condición de pobreza sigue siendo un factor que impide acceder la educación virtual como nos la pintan hoy.

 

Según un informe de semana.com, denominado, “El reto de estudiar desde la casa”, en Colombia hay alrededor de diez millones de alumnos de educación básica y media. Cerca del 75% estudia en colegios públicos; para la mayoría, el ideal de las clases virtuales está lejos.

 

Y está lejos porque a duras penas se puede ir a estudiar y no cuenta en casa con las herramientas para que su nuevo modelo educativo dé resultado.

 

Al menos el 72% de los alumnos de Bogotá cuentan con computador e internet, pero el problema es la periferia, donde no hay recursos para tales modernidades, casos como La Pedrera en el Amazonas o Pisba en Boyacá, lo confirman.

 

Si queremos acelerar el modelo educativo virtual hay que empezar por plantearnos el factor pobreza como impedimento para que esto ocurra y sus posibles soluciones.

 

¿Lo estará pensando ya el gobierno?

 

Formación virtual como oportunidad

 

Hablemos ahora de la infraestructura, está muy bien ya se hayan puesto en marcha alternativas para llevar herramientas que garanticen el modelo educativo a todos.

 

El problema: ¿está la infraestructura lista para que el modelo virtual llegue a los municipios anteriormente mencionados?, o ¿al Vaupés, o al Chocó o al Guaviare?

 

Pasa que la periferia siempre ha sido un problema para cualquier gobierno que haya tomado el turno, a Colombia pareciera que la conformaran unas pocas ciudades y a los de más allá siempre se les deja por fuera.

 

Daniel Guzmán, COO de la plataforma de educación virtual artística Kadoom aseguró en una entrevista a El Espectador: “En Colombia necesitamos más apoyo del Estado para brindar mayor cobertura y acceso a internet para que los estudiantes de todas las regiones del país puedan conocer el modelo. De esta manera, más empresarios van a decidir invertir en educación virtual y surgirán nuevas apuestas y emprendimientos alrededor de la misma”.  Y es que en Colombia solo el 67 % de los estudiantes de 15 años cuenta con conexión a internet, el 62% con acceso a un computador y el 29 % a un software educativo, de acuerdo al informe “La educación en tiempos de COVID-19”, de la Unesco.

 

Hay que encontrar oportunidades de desarrollo más eficientes; se dice que Colombia ha conseguido ventajas en el uso de recursos públicos y en la calidad de las carreteras, pero, sobre todo, el sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones es la nueva locomotora de la economía colombiana.

 

Entonces, si eso es tan cierto, ¿qué nos pasó con el modelo de educación virtual en plena pandemia, cuando se suponía que todas esas maravillas iban a ser con seguridad la solución para quedarnos tranquilos estudiando desde casa?

 

El modelo no funciona sin plata y sin infraestructura, van dos. Veamos qué más sacó a relucir esta pandemia.

 

Las universidades no estaban preparadas

 

Es una verdad que ha reconocido más de un rector, si bien es cierto que hicieron lo posible para adaptar las carreras rápidamente a plataformas virtuales, se quedaron cortos pues no entienden del todo el modelo virtual que permita un enfoque y un modelo pedagógico eficiente.

 

Una de las universidades que ofrece este tipo de educación a 852 municipios del país es el Politécnico Grancolombiano, aunque ellos mismos aseguran que este es apenas el inicio de un largo proceso en la implementación de modelos de este tipo (virtual).

 

Lo que nos lleva al tercer punto, no hay una plataforma robusta que tenga la capacidad de aguantar el modelo educativo del futuro.

 

A raíz de la pandemia, el Ministerio de Educación creó el denominado “Plan Padrino”, que pretende precisamente que las universidades un poco más avanzadas y apropiadas en el concepto de lo virtual, acojan a las que van más quedadas y que puedan ofrecer a sus estudiantes y docentes el modelo TIC.

 

Para ponerlo en números, de las 126 universidades certificadas por el Ministerio de Educación Nacional, 30 han capacitado a las otras 96 en el uso y apropiación de TIC para que puedan cumplir con las expectativas y cuando decimos expectativas, nos referimos a todos los procesos académicos que de un momento a otro tuvieron que migrar hacia la virtualidad para poderles dar cumplimiento.

 

Entonces, al parecer, no hay recursos económicos para que la población goce de computadora y pague por internet, ni hay infraestructura en términos TIC que permita que la fibra óptica llegue a lugares remotos y mucho menos se cuenta con una plataforma robusta que aguante la demanda de toda una población estudiando virtual.

 

¿Qué más falta por revisar?

 

No se nace aprendido

 

Y este es otro tema que habrá que revisar con lupa en el futuro cercano, que sentarnos a dictar una clase o a recibirla no es lo mismo que ponernos a ver tutoriales de YouTube o videos en Tik Tok.

 

Para esto se requiere una preparación y un aprendizaje adecuados y también es cierto que la comunidad académica tiene que estar dispuesta a dar ese paso pues a los nuevos docentes esta apropiación de los escenarios virtuales se les dé más fácil, pero a los más avanzados en edad no, y es apenas lógico, simple brecha generacional, ahí hay un trabajo importante que hacer.

 

“Capacitar al talento humano es la dirección esencial para que los procesos internos de las instituciones logren ser un caso de éxito en la implementación de la educación virtual. Es claro que cuando las diferentes áreas de las instituciones no comprenden cómo funciona el modelo, es muy probable que los estudiantes no logren tener una experiencia buena y desistan de usarlo”, aseguró Daniel Guzmán, de Kadoom.

 

Dicho esto, resulta lógico pensar que el compromiso y la tarea es titánica, pues docentes de educación básica, media y superior tienen que comprometerse con didácticas y pedagogías que pongan de presente el modelo autónomo y los estudiantes vean resultados en su aprendizaje; ojo que tampoco estamos diciendo que toda la responsabilidad recae sobre el cuerpo docente, los alumnos también tiene gran responsabilidad frente al proceso y el cambio hacia la virtualidad, pero para que eso ocurra, las instituciones y los profesores tienen que estar dispuestos a asumir el reto primero.

 

Un ejemplo del compromiso y del crecimiento sostenible de las instituciones educativas es Ilumno.

Ilumno es un aliado estratégico de las universidades para ampliar el acceso a educación superior de calidad a través de la virtualidad, eso en cifras nos deja saber que la tasa de crecimiento anual de estudiantes virtuales con que cuentan cada una de las instituciones aliadas es del 25%, una cifra no menor.

 

La tasa de retención del alumnado virtual también está por el 90% y una de sus fuertes promesas está en la virtualidad desde donde operan con un modelo completo y altamente comprobado que garantiza una experiencia de enseñanza y aprendizaje dinámica y relevante.

 

Por ahí podría estarse encaminando el futuro de la educación virtual en Colombia, guarda esta entrada de blog, pueda que te acuerdes en algún momento de nuestras palabras.

 

Rompiendo paradigmas

 

Colombia tiene un problema y grave, sufrimos de un arribismo concentrado que da para mentirnos a nosotros mismos acerca de nuestra condición social en pos de sentirnos especiales (de mejor estrato), lo que hace imposible que, primero, queramos por voluntad propia estudiar en una universidad mal llamada “promedio” y segundo, que, a cambio de una cifra astronómica por concepto de semestre, se reciba educación vía virtual.

 

Al respecto, se han escuchado por estos días quejas airadas de estudiantes y padres de familia que argumentan que estudiar desde la casa no compensa el valor pagado en carísimas universidades.

 

Para argumentar el arribismo colombiano desde la época de la colonia, Enrique Serrano en Por qué fracasa Colombia nos dice: “Ese síndrome provinciano que caracteriza a la sociedad colombiana supone que uno no es importante por sí mismo, sino por qué es, qué ha logrado ser y qué tiene o qué representa. Para usar la analogía de Arthur Schopenhauer, uno aquí es distinguido no por lo que es, sino por lo que tiene y por lo que representa, lo cual es bien característico de Colombia”.

 

Las universidades entonces, tienen un reto frente a la percepción de los estudiantes de que las clases virtuales carecen del estatus de las presenciales y mucho más si se dictan en universidades consideradas élite en el país.

 

Hay que crecer

 

Se necesita crecer y sobre todo a un ritmo acelerado si queremos que la educación virtual y a distancia sea un hecho prontamente.

 

Hay una necesidad latente dada la coyuntura que nos puso de presente la pandemia, entonces, ¿qué se necesita para disparar las cifras en materia de educación virtual?, sencillo, creación de nuevos programas que permitan la cobertura de quienes necesitan y quieren estudiar, mejor dicho, la capacidad con que deben contar las universidades para recibir a fuerza de única alternativa a todos los estudiantes que necesitan terminar sus carreras o que están empezando una.

 

Segundo, crecer exponencialmente en conectividad, sin internet en la mayoría de las regiones del país (ideal que fuera en todas), es imposible aplicar estas nuevas metodologías, así que es un trabajo que se espera del gobierno (MinTIC) y de las instituciones, conectividad, señores.

 

Tercero, formación de agentes educativos para apropiar y afianzar las nuevas metodologías, es más fácil transmitir el conocimiento si se adquiere prontamente el aprendizaje de estas nuevas plataformas y modalidades virtuales y la recomendación no va solo para los docentes, aunque hoy puntualmente estemos hablando del sector educativo, también las empresas de varios sectores deben comprometerse a enseñar a sus colaboradores el verdadero sentido de teletrabajar y ser productivo desde casa.

 

Cuarto, la promoción y puesta en marcha de programas como “Aulas Móviles”, “Computadores para Educar”, “Raíces de Aprendizaje Móvil”, entre otras que permitan que la educación virtual sea recibida no solo para los que pueden pagarla sino para otros sectores más necesitados.

 

Quinto, romper paradigmas frente a lo que significa estudiar virtual. Estudiar virtual tiene que ponerse a nivel de la educación presencial y ese es un trabajo que nos toca a todos, incluidos los medios de comunicación, las empresas que creen que no está igual de preparado el que estudia virtual que el que estudia presencial y las mismas universidades que necesitan un cambio en el discurso, seguir promoviendo que lo presencial está por encima de lo virtual es darse un tiro en el pie más cuando hoy la virtualidad se ha convertido en la respuesta para superar el aislamiento y seguir conectados para dar cumplimiento al calendario académico.

 

El desafío es seguir adelante aun cuando la crisis agarró a las universidades, valga decirlo, “con los calzones abajo” (sic).

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